John
La carrera hacia el museo natural se hizo más larga de lo que en un principio esperaba y más aún si teníamos en cuanta que había comenzado a llover. Olivia al menos parecía estar verdaderamente segura de lo que hacía, por lo que deduje que debía conocer bien la zona. Al parecer, según me dijeron cuando las lideré, luchaban en nombre de los rebeldes al Imperio. Había oido hablar de ellos en el transcurso del último lustro. Para cualquier ciudadano que vivía fuera de las miserias prácticas del Imperio como yo, la resistencia de los rebeldes debía sonar como música celestial, gente que luchaba por el bien del ciudadano medio, gente que combatía por recuperar nuestra tierra... pero no era así. Hablábamos de recuperar un país completo de las manos de un Imperio extranjero que había cruzado el mar después de devastar en grandísima medida a la raza humana. Volstok no volvería a ser el mismo lugar. Jamás volvería a ser el mismo país, daba igual quien luchara y quién ganara. Los rebeldes también tenían su retórica, también tenían figuras públicas que de vez en cuando se dejaban escuchar cuando las fuerzas del Imperio estaban distraidas. También hacían política. Y fue la puta política lo que trajo esa maldita guerra, lo que causó que el Imperio de Gladeburg se alzase con sueños delirantes de superar al resto de potencias mundiales, de hallar una respuesta y una solución a la limitación del ser humano medio y comenzar el proyecto Neo Génesis. Proyecto que nos lideró a la situación actual. Por ello, corriendo tras esas dos mujeres, no me sentía más seguro que en una tasca rodeado de imperiales.
Llegamos al dichoso museo llamado Parque Manantial. El lugar era... decir quizá que era desesperanzador era decir muy poco. No había ni un sólo cristal intacto. La estructura estaba casi derruida, de forma que sólo quedaba en pie el esqueleto de acero, vigas y vigas apiladas que luchaban furiosas contra el tiempo por mantener en pie el techo del edificio. Afortunadamente, éste no tenía los agujeros necesarios para hacer el lugar deshabitable. Allí pudimos guarecernos de la lluvia, aunque las mujeres se mantenían alerta. Sabían caminar. Ambas llevaban encima un porte que apestaba a milicia. La forma de caminar en silencio con las rodillas dobladas en pasos cortos. Los hombros hacia alante con la espalda ligeramente encorvada. Olivia apuntaba la pistola que le robó antes de echar a correr al cadáver del capitán del Imperio de una manera profesional. Su edad, su complexión física. Esa mujer había combatido seguramente contra el Imperio hacía ya 10 años. Y era de la que menos me fiaba -Despejada esta zona- musitó con voz cansada. El pelo goteándole furiosamente por la frente
-No parece haber nadie- añadió Cassandra acariciándose uno de los brazos. Tenía frío
-¿Estás bien, cielo?- pregunté yo a Izzy, que estaba demasiado callada para lo ruidosa que era a pesar de que no podía hablar. La niña asintió con ojos pesados. Era tarde. Tendría hambre y sueño... -Maldita sea...- mascullé
-¿Qué ocurre?- preguntó Olivia con visible tensión en la voz
-Cálmate... es sólo que acabo de recordar que no he traido nada para que la niña pueda comer-
-Bah- escupió al suelo algo de agua de lluvia que se le acumulaba en los labios -Preocúpate por cosas más importantes-
-¿Consideras poco importante que una menor como ella no tenga algo que llevarse a la boca?- fruncí el ceño
-¿Teniendo en cuenta que estamos en busca y captura por asesinar a dos capitanes imperiales? Oh sí, sí que me parece poco importante. Escúchame hombretón. Tal vez no tengas ni la menor idea de con quién estás hablando, pero...-
-Estoy hablando con una mujer que tiene experiencia en combate- interrumpí, sorprendiéndola -Te he observado. Seguramente formaste parte del ejército, o de la policía, hace 10 años-
-Más de 10 años- aclaró -Y no era militar, pero sí fui agente de fuerzas especiales. Serví durante 20 años en el SFEV- Servicio Fuerzas Especiales de Volstok
-Cojonudo- esnifé con fuerza, mirando a mi alrededor -Realmente me da igual. Me da igual donde sirvieras y me da igual lo que una persona con tu experiencia en táctica militar sepa. O tus ideales. mi interés es cuidar a la niña-
-La niña es lo bastante mayor para saber en qué clase de mundo está viviendo- dijo en postura relajada, bajando los brazos, calmando la tensión de los hombros. Estaba cansada. Bastante cansada. Pude ver por un instante que hasta las personas más experimentadas y duras tienen momentos de debilidad. Sólo había que ver sus ropas destrozadas. Lo único que me hacía sentir la más mínima empatía por ellas era saber lo que les habían estado haciendo en el aparcamiento. Sobre todo a Cassandra, que era mucho más joven y con una complexión menos endurecida, o como ellos lo llamaban, "masculina", a diferencia de Olivia
-Yo soy lo bastante mayor para saber en qué mundo vivimos ahora. O tú, incluso. Pero dudo que Cassandra lo sepa aún con totalidad. Menos esta niña-
-Mira...- se pasó una mano por los cabellos -Me da igual ¿Vale?- dijo con frialdad -Yo no voy a poner un pie fuera de este recinto hasta que llegue el alba y menos por buscar algun triste conejo, ardilla o lo que coño sea que come esa niña-
-No te he pedido ni esperaba que lo hicieras. Saldré yo-
-No- dijo con una sonrisa socarrona -Tú no te vas a ninguna parte, abuelo- dijo, a pesar de que como mucho le sacaría unos 3 o 4 años de edad
-Yo puedo hacer lo que quiera- advertí con voz calmada y ella advirtió mi amenaza en ese tono de voz
-Inténtalo- alzó el brazo, esgrimiendo el arma. Me apuntaba de forma que el pulso no le temblaba lo más mínimo. Estaba acostumbrada a disparar. Sentí que Izzy se escondió tras de mí
-¿Vas a disparar a un inocente civil?- pregunté con ironía
-¿Inocente civil? Llevas un machete capaz de cortar la cabeza a un hombre con un golpe no demasiado fuerte. Lo tienes afilado y siempre a fácil alcance. Si me descuido me abrirás en dos y no lo tengo planeado en absoluto- hizo un ligero torcimiento de cabeza para crujirse el cuello
-Vamos Oli... no... no merece la pena- Cassandra le agarró el brazo con delicadeza. Casi se lo acarició ¿Es que ellas...?
-Cass...- suspiró la mujer -Tenemos que volver con William lo antes posible, tenemos que entregarle...- bajó la voz
-Pero este hombre no es peligroso. Nos ha ayudado, por Dios-
-Y ahora quiere salir a buscar algo para la mocosa ¿Te das cuenta de que si le ven, peinarán la zona y darán con nosotras?-
-Escúchame... yo sólo quiero salir un momento a ver qué puedo encontrar, regresar y darle de comer a la niña. Luego me marcharé y vosotras podéis tomar vuestro camino- hubo un ligero y tenso silencio. Estábamos en un museo natural y poco o nada que se pudiera comer debía haber en este lugar. Apenas era un edificio derruido donde la vida natural que se mostraba en él estaba pútrida y descuidada. Ni siquiera los animales irían ya a alimentarse de las pocas plantas que no eran casi ceniza. Veía en esos momentos cómo Olivia se lo estaba pensando, cuando se oyó movimiento lejano. Pisadas apresuradas
-Mierda- hizo un gesto con la pistola, indicándome que me pusiera tras ella -A cubierto, buscad un lugar donde esconderos- dijo en baja voz, agazapándose. Entonces los pasos se atenuaron. Bajaba el ritmo. Los cuatro retrocedíamos dejando atrás el hall e internándonos en los pasillos. Ese museo en su momento debió de ser precioso. Ahora sólo era piedra, plantas muertas, cuadros destruidos, escaparates hechos añicos... era el mejor ejemplo de lo que eran ahora nuestras vidas después de las bombas N3.
El silencio se hizo en el lugar, aunque estaba claro que alguien más había llegado. Sólo podíamos oir nuestra respiración, cada vez más agitada. Conforme nos habíamos internado en el museo, el aire estaba resultando más pesado. El polvo y la ceniza hacían mella en nuestras gargantas. Luchábamos por no toser, al menos los que teniamos voluntad para ello. Izzy no pudo evitarlo y terminó tosiendo. Le tapé la boca con velocidad al tiempo que Olivia nos disparaba una mirada furiosa. Aguzamos el oido todo lo posible, hasta el punto de que sólo oiamos nuestras pulsaciones lejanas opacadas por el repiqueteo lejano de la lluvia -¿Y si ha sido una falsa alarma?- preguntó Cassandra en susurros
-O nos están acechando- contestó incansable Olivia, que no mostraba confianza alguna en la situación que viviamos
-Sólo se oyeron pasos aislados. Debe ser una sola persona- reflexioné -Somos tres ¿Cual es el problema?-
-¿Que cual es el problema?- bufó Olivia -Que nunca vienen solos-
-Shhh- ordenó Cassandra y se señaló las orejas para que oyésemos. Pasos. El eco de unas voces. Eran ellos. Ese maldito acento extranjero. Eran ellos
-...ni una zona sin buscar- dijo aquella voz que cada vez sonaba más cerca, hasta ser audible. Desde el pasillo pudimos ver los haces de luz de las linternas. Habían entrado -No me cabe duda de que la chica ha debido entrar aquí-
-¿Chica?- Olivia frunció el ceño -¿Qué chica?- miró hacia Izzy -¿La buscan a ella, maldito seas?-
-Izzy es una don nadie como yo. No nos buscarán por nada que no sea por matar a esos hijos de puta. Y ella en particular no ha hecho nada malo- la protegí, rodeándola con un brazo
-¿Entonces a quién buscan?- se cuestionó, cuando una luz iluminó nuestro camino
-Eh, me ha parecido ver algo- dijo de pronto un soldado. Se oyó el clip del cargador chasquear al recolocarlo en el rifle. Esta vez no eran simples pistolas. Estariamos muertos si nos poníamos en su línea de tiro
-Mierda...- gruñó Olivia
-Oli...- Cassandra se agarró a ella con fuerza
-Cass... escúchame-
-No, Oli, ni de coña- sollozó la joven
-Escúchame, cielo. Escúchame- le acarició el rostro
-Oli que no. No- negó con la cabeza arrugando la barbilla
-Tienes que llevarle esto a William- se sacó de la bota un pequeño aparato. Parecía el disco duro de un ordenador -Por favor. Yo los retendré. Vosotros id con ella. Asegúrate de que no le pasa nada, abuelo-
-No podrás con ellos-
-Puedo, pero no tengo balas suficientes- dijo, orgullosa. Suspiró con fuerza, aceptando el destino que le deparaba
-Oli... no me pienso ir sin ti. No, eres tú la que se debe ir. Yo no sirvo para nada- continuó lamentándose Cassandra
-Sal, maldita zorra- ordenó el soldado, que ya estaba cerca
-Cassandra, esto no es negociable. Toma el disco y llévaselo a William. Dependemos de ello- entonces Cassandra volvió a negar con la cabeza. Sonrió. Se secó las lágrimas y tal como sospeché, besó dulcemente a Olivia en los labios pese a que le sacaba una diferencia de edad algo notoria
-Lo siento. Te quiero Oli-
-¿Qué...?- entonces antes de que Olivia pudiese hacer nada, Cassandra se puso en pie y echó a correr hacia el otro lado del pasillo de aquel cruce en el que nos encontrábamos, cruzándolo de lado a lado
-¡Eh!- el soldado iría tras ella, imaginé. Pero no. Abrió fuego en cuanto la vio. Los disparos del rifle se repitieron en un corto patrón y el cuerpo de Cassandra cayó al suelo lleno de agujeros. Izzy estuvo a punto de gritar, pero lo opacó el alarido de Olivia
-¡BASTARDO!- disparó. Abrió fuego. Se atrevió. Como buena rebelde luchó contra el Imperio. El soldado cayó abatido, pero la rabia hizo a la mujer gastar más balas de lo necesario
-¡Disparos! ¡Alarma, por aquí!- gritaron los otros soldados
-Vete, maldita sea- ordenó ella
-Vas a morir aquí- le recordé
-¡Que te vayas, joder! ¡Salva a la puta cría al menos!- se le quebró la voz -Que Cassandra no haya muerto en vano o te juro por todos los demonios que te buscaré y partiré los huesos que te queden sanos- escupió al suelo, malhumorada. Me arrojó el disco duro
-¿Para qué es esto?-
-Busca a los rebeldes. Busca a William Baker-
-Estás loca- dije poniéndome en pie y alejándome junto a Izzy, poco a poco -No pienso meterme en vuestras mierdas-
-¡Nos debes la vida, la tuya y la de tu mocosa!- gritó furiosa. El primer disparo pasó muy cerca nuestro. Los soldados nos encontraron. Afortunadamente yo había retrocedido lo suficiente en el giro del pasillo para que no me viesen -Cabrones- disparó Olivia un par de balas -Vete joder ¡Vete!- farfulló -Si no lo haces por ti al menos hazlo por ella ¿Crees que vais a llegar muy lejos así? William puede ayudaros. Puede ayudar a la cría- dijo mirándome a los ojos, con los suyos llenos de lágrimas -Y entrégale ese pedazo de mierda. He perdido a Cass por ello y no puedo permitir que se lo queden esos hijos de puta ¿De acuerdo?- la miré en silencio -¿¡De acuerdo!?- gritó
-Definitivamente estáis como una puta cabra- dije antes de darme la vuelta y empujar a Izzy. Ese pasillo nos llevaba a una especie de salida de personal autorizado, que daba a unas escaleras a la planta baja o más bien subterranea. Mientras descendíamos, aún oíamos los disparos. No llegué al final de las escaleras cuando dejé de oirlos, sin embargo. Suspiré. Izzy me cogió la mano, llorosa -Está bien cariño... Vamos a escondernos- torcí una esquina junto a ella para encontrarme con una sala de personal autorizado. La abrí con cuidado y sólo encontré oscuridad en el interior y un fuerte hedor a humedad. Cerré la puerta tras de mí y saqué mi mechero. Lo encendí para iluminar un pequeño area a mi alrededor. Arrastré con cuidado entonces una pequeña estantería contra la puerta haciendo el menor ruido posible para bloquear la entrada y por fin, me relajé un poco.
El lugar estaba lleno de plantas muertas, una a cada metro. Parecía una suerte de invernadero o laboratorio donde las estudiaban y las reproducían. Algunos ejemplares eran dignos de verse. Aún tras tanto tiempo muertas, la humedad y el frío que hacía en esa sala las mantenía con cierto aire del pasado. Algunos colores eran maravillosos -Izzy ¿Has visto esto?- pero nada, silencio, ni un ruido -¿Izzy?- la niña estaba al otro lado de esa larga sala. Muy, muy grande, observé, una vez la encontré. Estaba agazapada en un rincón entre dos muebles -¿Qué haces, cariño?- al acercarme entonces la vi. Una joven, bastante guapa debí admitir, pues hasta me sorprendió semejante visión en un lugar así. Estaba herida. Me percaté de que llevaba un rato caminando sobre goterones de sangre. Era de ella. Estaba pálida y respiraba con poca fuerza. Tenía magulladuras y moratones por doquier. El agujero en el hombro, sin embargo, era lo peor -Joder... ¿Y esto?- Izzy me hacía señales. Me señalaba todas las partes donde la chica tenía el más mínimo rasguño. Toda ella era una herida andante -¿De dónde cojones ha salido ésta ahora?- gruñí. Por guapa que fuese, era otra carga. Acababa de ver morir a Cassandra y Olivia y ahora otra herida. Izzy acabaría volviéndose loca. O eso pensaba. La niña se mostraba realmente preocupada, por el mero hecho de que sabía que aún estaba viva, pero perdiendo mucha sangre. Hacía aspavientos con las manos para que me moviera -¿Esperas que la cure? Pequeña, no soy médico- más gestos. Más aspavientos -Izzy... tenemos que movernos. Tenemos que irnos. Y buscar algo de comer ¿No tienes hambre?- pateó el suelo con fuerza al preguntarle aquello, inflando los mofletes en una visible furia en su mirada. Suspiré. Niña consentida... no pensaba dejar a esa joven en la estacada -¿Y qué puedo hacer...?- me encogí de hombros, pues realmente no es que me sobrasen los conocimientos de medicina, pero lo suficiente para saber que al menos debía taparle esa herida tan fea en el hombro. Me quité la chaqueta con cuidado dejándole el mechero a Izzy para que me iluminara. Bajo la chaqueta llevaba una sudadera y bajo la misma, una camiseta. De ésta última me desprendí quedándome desnudo de la parte superior. Se me herizó cada vello corporal del frío. Arranqué las mangas largas de la camiseta y con cuidado comencé a envolver el hombro de la joven para luego anudar ambas mangas con fuerza. No tardaron en llenarse de sangre, pero no perdería tanta. Debía reponerse. Ella también necesitaría comer algo y mientras tanto yo seguía sin saber si esos malditos imperiales seguían arriba. Recordé que mencionaron algo sobre una simple chica ¿Era a ella a quien buscaban? ¿Por qué? No parecía tener nada especial... pero no cualquiera podía llegar a entender los motivos del Imperio. Me volví a poner la camiseta, ahora sin mangas, la sudadera y la chaqueta y suspiré -¿Qué hacemos ahora, bicho?- Izzy se llevó una mano al estómago -Nos van a descubrir...- me rasqué la nuca. La pequeña se sentó junto la desconocida. Hubo silencio durante un largo rato, de forma que reflexioné -Izzy... ¿Serías capaz de quedarte y cuidarla?- la pequeña asintió enérgicamente -Tampoco podemos estar aquí sin saber qué nos rodea... Voy a salir con cuidado. Tú espera aquí y no hagas el menor ruido. Cuando salga vuelve a bloquear la puerta- volvió a asentir -Y abre sólo si...- pensé -Hago esto- di tres toques en el suelo, rápidos y breves. Finalmente un cuarto mucho más pesado -Será la señal de que soy yo ¿De acuerdo?- la niña asintió -Espero que no me la juegues otra vez- dije poniéndome en pie con un bufido. La niña sonrió con picardía e inocencia a la vez. Sólo ella era capaz de hacer algo así.
Salí con cuidado y con sumo silencio entonces una vez me autoconvencí. Era el momento de tener algo de iniciativa. Sólo esperaba que la niña estuviese bien con esa desconocida, aunque sospechaba que cuando recobrase algo de la conciencia, poco o nada podría hacer con tantas heridas. Sólo debían esperar... volvería lo antes posible.