Nora
Si me preguntasen, no sabría decir como diantres llegué hasta allí. Recuerdo que corrí tanto, que al llegar a aquel lugar tan acogedor vomité hasta que sentí que los pulmones se iban a salir por mi boca. También recuerdo que después me desplomé sobre aquella pared lisa de piedra, y que cuando sentí que estaba a salvo, escondida, me permití dejarme llevar por el intenso dolor y descansé. Luego apareció aquella niña, justo después de que empezase a recobrar la conciencia... Y dejé de pensar con claridad.
La chiquilla, que no debía haber alcanzado aún la adolescencia, se sentó a mi lado. Sentí su cuerpo cálido emitir aquel calor que en parte, me agradaba a pesar de las circunstancias. Debía estar inquieta, pues aun en el sitio, no dejaba de moverse. Sentía que me miraba, que me estudiaba con nerviosismo. Estaba mirando mis heridas, mi aspecto en general. Si estaba asombrando a una niña... no debía estar demasiado bien. -Ho...hola...- me obligué a sonreír, porque al fin y al cabo, era una niña pequeña, tuviese la familia que tuviese. No es que me fiase, es que por humanidad... no me quedaba otra opción -¿Como... como te llamas?- intenté entablar una conversación con ella. No iba a ir por mi propio pie a ningún lado aunque quisiese. No podía ponerme en pie, así que al menos, hablar y saber por qué ella estaba allí era lo mínimo entretenido que podía hacer. Sin embargo, la chiquilla no me contestó. Al contrario, se volvió aún más inquieta e hizo señas que no llegué a comprender. Quizá las veía demasiado turbias. O quizás, ella no se estaba expresando bien. -¿Te han dicho que no hables con desconocidos?- ella negó con efusibidad. ¿Entonces? Señaló a su garganta. -¿No puedes... hablar?-
No hay comentarios:
Publicar un comentario